Lic. Juan. Carlos Torre
“La mujer no nace, se hace.” ¿Cuántas veces hemos escuchado esta frase? Y hoy en día podríamos agregar: “y el hombre también.” Desde finales de los años 40, el modelo feminista ha llevado a algunas mujeres a rechazar por completo su feminidad, promoviendo culturalmente una ruptura con su propia naturaleza.
¿Y qué pasa con el varón?
El enfoque exclusivo en lo femenino ha generado, en muchos hombres, una profunda incomprensión de su masculinidad. Esto ha resultado en frustración, desánimo e incluso fracaso escolar. Existe un problema que pocos han identificado: la masculinidad está desapareciendo.
En The Decline of Males, Lionel Tiger señala que no todos los hombres con diagnósticos como el TDAH realmente padecen estas condiciones, sino que simplemente tienen formas diferentes de ser y actuar. Sin embargo, la cultura actual parece estar moldeando a los hombres para que sean “suaves” o “blandos”, diluyendo su esencia.
¿Quiénes son los afectados?
Esta crisis impacta profundamente a la familia, los amigos, la cultura y la sociedad. La falta de una educación que valore lo masculino priva a los hombres de su esencia, que es distinta, buena y complementaria. La propuesta contemporánea parece impulsar a los hombres hacia una feminización y a las mujeres hacia una masculinización. A la mujer se le exige que sea independiente del hombre, que trabaje, estudie, sea exitosa, la mejor madre y esposa al mismo tiempo. Esto no solo sobrecarga a la figura femenina, sino que también la coloca en competencia directa con el hombre.
Una lección de la Sagrada Familia
En un retiro espiritual, medité sobre la familia de Nazaret y descubrí un modelo armonioso de complementariedad. San José, como padre y proveedor, trabajaba como carpintero, enseñando a Jesús el oficio y la importancia del esfuerzo. Con el dinero que ganaba, María tejía y preparaba la comida, creando un ambiente cálido que convertía la casa en un hogar. Y recordemos que “hogar” proviene de “hoguera”, un símbolo de calor, unión y refugio.
El camino hacia la complementariedad
Trabajar en la recuperación de la masculinidad, subrayar la complementariedad y fortalecer la vida espiritual es clave para mejorar la amistad, la sexualidad y, en última instancia, el matrimonio. Esto no es una competencia entre sexos, sino una unión, una ayuda mutua. Desde el Génesis, Dios nos creó con características únicas y complementarias. Y Dios no se equivoca.
Volvamos al principio.

