¿Qué es la Pedagogía del amor?

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¿Qué es la Pedagogía del amor? Si nos ponemos a recordar y tratamos de nombrar a aquellas personas que han sido significativas en nuestra vida en el ámbito familiar, escolar, social, entre otros. Personas que hayan impactado en la enseñanza y formación de lo que hoy eres. ¿Quiénes serían? ¿A quién sí recordarías con decisión y de manera rápida? ¿Cómo es tu recuerdo y qué provoca en ti traerlo al presente de tu vida?

Ahora, si pensamos en cuál pudiera ser el común denominador de todas esas personas que han marcado tu camino, llegaríamos a una misma conclusión, donde uno de esos elementos en común sería el amor, como aquello que les hacía conectar contigo al reconocerte como un alumno capaz, que te impulsaba a ser mejor, que te escuchaba y te miraba de una manera que particularmente te incitaba a que siguieras de pie o que si estabas agotado por el camino, te brindaba la palabra precisa para que siguieras adelante. ¿Te suena familiar?

¿Qué es el amor?

Y es que el amor, hay que saberlo definir, más allá de lo coloquial que se puede decir de el, como: atracción, sentimiento, emoción, sexo, en fin…, todos esos elementos, que, si bien, son parte de lo que es el amor, no es esto en esencia. El amor es más que eso, es, sobre todo, una dimensión afectiva de la totalidad de la persona, que implica el encuentro con el otro, con quien se reconoce y se construye; y, gracias a esto, nos permite descubrir su dignidad y grandeza, de donde brota espontáneamente la disponibilidad y compromiso de uno mismo para con el otro, la defensa de su dignidad, así como el acompañamiento de su adecuada realización. (González, 2018)

Por lo tanto, en el ámbito de la educación donde la pedagogía se vive en las aulas bajo la dirección de un profesor, de nada serviría tener al gran maestro experto en técnicas, métodos de enseñanza, estrategias pedagógicas, si no reconoce en sí mismo este principio básico para poder impactar en sus alumnos, la pedagogía del amor, la cual le invita a conocer a sus alumnos, reconocer su valía de persona, y así, descubrir lo que cada uno puede alcanzar a ser, pero no desde lo que el profesor quiere, únicamente, sino en el encuentro de lo que quiere dejarles a lo que sus alumnos son en su unicidad, y eso requiere que se acepte al alumno en su totalidad, es decir, con su historia, sus gustos, sus pasiones, sus talentos, o bien, aquello que él mismo no descubre, pero el profesor puede alcanzar a percibir de lo que puede ser capaz de hacer, pero siempre desde su realidad.

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Acompañamiento
y Educación Familiar

Es imposible ser efectivo sin ser afectivo.

Afectivo de ayuda, apoyo, ánimo, aliento, asombro, alegría, acompañamiento, amistad… El profesor es el educador que busca ser un amigo verdadero, donde la amistad se va forjando desde el día uno en el salón de clases, donde se genera un espacio de aceptación, empatía, seguridad, y por ende, de confianza, solo en un ambiente de confianza los alumnos pueden abrirse y motivarse para generar un aprendizaje mutuo. El profesor es el impulsor de una amistad con cada uno de sus alumnos, y a su vez, en la relación armónica entre los estudiantes. Educar es un acto de amor mutuo.

Cuando hablo de amistad verdadera, resalto también una de sus riquezas de este lazo, donde el amor no es consentir o sobreproteger, pues el amor no se fija en las carencias del alumno, sino en sus talentos y potencialidades, por lo que debe ser una amistad que impulse a seguir el camino de su motivación para seguir fortaleciendo sus talentos, o bien, ayudándole como guía para descubrir de lo que es capaz, pero siempre desde su libertad, y sobretodo, con un amor paciente, que sabe que solo es un acompañante de ese gran camino que el alumno va a recorrer para alcanzar su potencial, respetando el ritmo y modos de aprender de cada alumno. La educación se siembra a largo plazo y no siempre se ven los frutos, por eso, la paciencia debe ser alimentada de esperanza, de una fe imperecedera en las posibilidades de superación de cada persona. (Esclarín, 2013)

Esclarecido todo esto, resulta ser todo un arte el ser educador, ¿cierto?

Aunque son distintos elementos los que se requiere para vivir la pedagogía del amor, no podría asegurar que alguno de estos no los hayamos puesto en práctica sin ser educador. Por eso, un buen profesor solo debe estar en plena conciencia de reconocer su valia como persona a través del otro, aceptándose y reconociendo las diferencias que enriquecen, partiendo de ésto, todo pensar y actuar habrá que encausar con la voluntad de ser un buen educador. Con esto último, termino y lo resalto como “el acto primero” del fin de este escrito, pues todo comienza desde el cuidado de uno mismo, si uno logra vivir en armonía y en paz, solo en ese estado lograremos asumir cualquier camino o proyecto que emprendamos, ya con un cierto grado de éxito… en este caso, en lograr vivir una pedagogía en el amor.

“El amor es el principio pedagógico esencial.” (Esclarín, 2013)

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