El valor de la persona humana y su dignidad

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El ser humano y la persona humana

Metafísica

Sin comprenderlo claramente, una fuerza nos impulsa a crecer, ir hacia adelante, hacia la unidad e integración. Esa fuerza lleva una intención: convertirnos en un ser más pleno, con mayor perfección, donde la autenticidad, el interés por los demás y la capacidad de amar, son los caminos que nos conducen a convertirnos en una persona humana. Todas estas características van más allá de lo físico y lo entendible, son parte de lo metafísico.

Entandamos la metafísica como todo aquello que no logramos comprender porque va más allá de la mente racional, la lógica, la materia y lo que vemos; es la fuerza que está detrás de la existencia de las galaxias, las estrellas y la vida, del que los humanos no sabemos absolutamente nada. El conocimiento humano está totalmente lejos de entender y comprender este profundo misterio.  Esta fuerza tiene efectos visibles en la existencia de los humanos.

Seres humanos y personas humanas

Existen dos caminos que pueden llevarnos al acercamiento de esa fuerza: son los caminos que diferencian a los seres humanos y las personas humanas. Mientras el ser humano crea conciencia de sí mismo, la persona humana enfatiza la conciencia del otro; el ser humano es producto de la sociedad, la persona, de la espiritualidad. Mientras uno proclama: “este es mi camino”, la otra pregunta: “¿de dónde vienes?”  El ser humano proclama la injusticia, la persona pregunta: “¿por qué sufres?”  Bajo esta distinción, la diferencia básica entre ambos radica en sus valores y actitudes.

El ser humano reconoce todo como algo para sí mismo: su casa, sus animales, su esposa, su árbol y sus hijos, todo eso da sentido a su vida, pero sólo en el horizonte del tener. Mientras más posee, más seguro se siente de sí mismo, sin caer en cuenta que, a mayor egoísmo hay mayor ceguera y esclavitud en su vida. El ser humano está tan egoístamente preocupado por sus asuntos, que presta poca atención a los problemas que trascienden su terreno personal.  El ser humano es el creador y responsable de los grandes conflictos sociales que enfrentamos.

La persona humana es producto del amor, la ternura, el afecto y la caricia. Surge como un producto de los sueños e ilusiones de sus padres: el deseo sagrado y trascendente de crear una vida. El resultado será una persona humana capaz de ver y reconstruir un mundo de afecto y solidaridad, que tanto necesitamos hoy en día.  Es la entrada al campo espiritual.

Debe quedar claro que la persona humana no es radicalmente distinta del ser humano, pero van en una dirección diferente. Alcanzar este horizonte implica defender la dignidad porque es la que da sentido y finalidad a la existencia humana. Los peores crímenes de guerra se han cometido cuando se niega el valor de la dignidad. 

No estamos hablando de dos universos distintos, porque todos los seres humanos estamos en proceso de convertirnos en una persona humana. Cuando el proceso avanza, se es más responsable, se está más vinculado a los demás, y se adentra en un ámbito de creciente integración. Hay suficiente comprensión como para hacer obsoletos el odio y el temor hacia el otro. Al ocupar el lugar que le está destinado, la persona está preparada para la intimidad y para construir un lazo resistente y significativo con otra persona.  Aquí entra la familia.

La familia

La familia es la fuente de este amor incondicional y trascendente, ella es el cimiento de toda nuestra estructura social y donde se moldean todos los seres humanos.  El efecto diferenciador entre los seres humanos y las personas humanas, no es genético, sino afectivo, se genera en el vínculo sensorial de la familia. La trasmisión familiar, cultural, social e histórica, se trasmite al niño a través de este primer vínculo. La estafeta que tomará el niño de los adultos, sale desde el mundo íntimo de sus padres.

Cuando un niño no crece en un ambiente de amor, toda la humanidad se ve afectada, porque se disminuyen las esperanzas de un mañana. Aunque el valor de la familia está mucho en la presencia física y mental de los que componen un hogar, es su disponibilidad a la convivencia lo que hace nacer los valores éticos en la persona, que es el principal objetivo de las Maestría del Instituto Juan Pablo II, en Ciencias de la Familia. La labor de esta Institución debiera extenderse a toda la población posible, ya que sus alumnos buscan este horizonte como su principal objetivo. 

Cuando una parte de la familia sufre, la otra debe apoyar porque forma parte del mismo cuerpo. Los padres fracasan en el arte criar a sus hijos, no porque carezcan de voluntad, sino porque no tiene conciencia de la gran importancia de este vínculo; no hay maldad intrínseca en su interior, sino incapacidad para elegir el sentido de vida que conduce a la plenitud de que estoy hablando.

Valores

Por estas razones, debemos poner todo nuestro empeño en garantizar la existencia, el fortalecimiento y los cimientos de la familia, ella representa el valor básico de respetar y garantizar la vida; es el valor trascendente que mantiene en pie todo el sistema de los derechos humanos. Es un principio del que depende todo el desarrollo y el futuro de la humanidad; la familia es deseo de obrar en bien de los demás e impulsar a los otros con la misma fuerza que nos impulsamos a nosotros mismos.

El amor familiar reduce el espacio que separa a los seres humanos de las personas humanas, y hay en él un principio de eternidad. En la familia podemos encontrar nuestra realización final y la razón de nuestra existencia. El amor es un misterio más grande que la muerte, es aquello que une a la humanidad, es la forma más auténtica de ser y el último momento de nuestro desarrollo.

Maestría en
Ciencias de la Familia

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