Transformando con amor 

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¿En dónde nos encontramos?

Te ha sucedido, que a veces te encuentras en tu trabajo, en la casa, en la escuela, en la parroquia o en la sociedad misma y que no sabes qué está pasando, ¿sientes que te abruma el mundo y que todo pasa de una forma tan vertiginosa que no puedes llevar el ritmo, y te recuerda la viñeta falsa de Mafalda? ¿Se te hace difícil comprender por qué los jóvenes actúan diferente a los padres?, incluso ¿por qué son los más pequeños diferentes a los niños y no logras encontrar razones que lo expliquen? ¿Te vas dando cuenta como la tecnología nos ha “acercado”, ya que podemos realizar videoconferencias desde Tampico hasta Mérida, pero también hasta Australia y en tiempo real poder platicar con familiares o amigos sin tener que estar en la misma habitación, pero simultáneamente los padres platican y acompañan menos a sus hijos?

Cada día tenemos más información y la pensamos menos. Todos estos signos y muchos más son evidencia de la POSTMODERNIDAD, una época en la que nos está tocando vivir, algunos dirían padecer o sufrir, porque ven como la trascendencia como propósito de vida se va diluyendo entre la generación, ya que se piensa menos en el futuro y más en vivir experiencias en el presente, porque lo que antes significaba algo, ahora cambia de significado y algunas veces totalmente opuesto. Aunado a esto nos llenamos de información y noticias porque están al alcance de un aparato en la mano, sin embargo, tenemos menos sabiduría. Lo que acontece.

Y esto continúa…

Todo esto que pasa ante nuestra vista, nos guste o no, está moviendo a la humanidad hacia una desintegración social en donde el individualismo domina, el ser humano tiene sentido en la medida en que como engrane forma parte del gran mecanismo de producción y consumo. Todo está fragmentado. Esto pasa en todos los rincones de México y el mundo.

Nos encontramos como a la mujer se le trata como un objeto que se usa, se desecha e incluso se le mata. Y con los hombres no es diferente, ya que el descarte en trabajos, equipos, clubes, en toda la sociedad, se ve continuamente. Las violaciones a los derechos humanos constantemente son muestra de la poca importancia que se le da a la persona.

¿Todo está perdido?

Por supuesto que no, pero hay mucho que hacer, mucho trabajo por delante y se requieren personas comprometidas hasta la médula en formarse y luchar por la humanidad. 

Como punto de partida debemos prepararnos para responder ¿quién es el ser humano y que está llamado a ser? Conociendo con fundamento la definición de hombre, se marcará la pauta para desarrollar argumentos éticos, bioéticos, sociológicos, políticos, etc. que contrarreste el bombardeo indiscriminado de mentiras.

Actualmente, toda acción contraria al deber ser se defiende con el paraguas de los derechos humanos, es decir, para cualquier acto que busque fortalecer alguna ideología se argumenta que es un derecho humano, sin importar que en realidad sea algo que afecte la dignidad humana. 

Por tanto, es imperante reencontrar con nuestra identidad como hijos de Dios para revalorizar la dignidad del ser humano. Saber quiénes somos y de donde provenimos y principalmente, cuál es nuestro fin.

Renovar la sociedad

Hoy te invito a que con esperanza te prepares, investigues y entregues tu ser para dar la batalla. Y una vez que tomes el compromiso, te integres u organices una comunidad vivificante de personas que por medio de los valores que abrazan y las virtudes que cada día viven se muevan y expongan para renovar la sociedad. Comunidades que muestren la caridad de sus corazones en los que vive Cristo, que abracen exponiendo su alma como verdaderos cristianos, que asumen la vida como una celebración. Que en cada uno de sus actos, momentos y pensamientos está Dios presente como ejemplo y guía, para a su vez ser como levadura que transforma la masa desde adentro de la comunidad. Realizar buenos servicios de apostolado muestran el rostro de Dios en cada persona que da o recibe, por lo que son una excelente contribución para ser el fermento en una comunidad creativa.

Ante la emergencia que vivimos, “el futuro del cristianismo pasa por minorías creativas que sepan generar espacios donde se pueda vivir la pertenencia al cuerpo de Cristo, donde se pueda vivir la memoria y la esperanza de Jesús”. Pp 116

Así que es hora de ponerse las pilas, reúnete con tus compañeros de la comunidad de la parroquia, preparen un programa junto con algún experto en los temas de actualidad que tenga una visión cristiana, instrúyanse comprometidamente y difundan entre su familia y vecinos. 

Y recuerda, siempre recuerda, la oración nos fortalece y nos mantiene vinculados a Dios.

Maestría en
Ciencias de la Familia

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