Formación del carácter en la posmodernidad a través de minorías creativas

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Psicólogo José Karam Espósitos

Las minorías creativas

La cultura actual y las minorías han fomentado que todos tengamos el mismo derecho y el mismo poder, de expresar nuestras opiniones. Esta tolerancia a la diversidad de ideas y de creencias, ha hecho que todos nos sintamos como minorías, ya sea personal, religiosa, política o étnica. Algunas ideologías modernas generan tal presión social, que somos cada vez menos los que nos resistimos a ellas, y a menudo somos fuertemente tachados de retrógradas o intolerantes.

En el terreno psicológico, nuestro yo está cada vez más saturado de mensajes de texto, recados de ofertas online, memes del día y tendencias fabricadas para las redes sociales, de modo que nos queda cada vez menos tiempo para la lentitud, el deleite del momento presente, y la búsqueda del auténtico sentido de nuestras vidas.

Viktor Frankl ya nos alertaba a mediados del siglo XX, de que el mal de la cultura era generador de la neurosis de falta de sentido, que se va haciendo más grave en los jóvenes porque en la educación familiar cada vez hay menos arraigo en las tradiciones, y menos transmisión de valores, y marcos de referencia claros para la toma de decisiones. Frankl decía que la neurosis noógena, del vacío existencial, traía como consecuencia el tridente del hombre doliente de nuestros días: adicción, depresión y agresión.

La formación de los hijos

El tema central de muchos padres de familia es cómo formar hijos adaptados a la cultura, pero que no hereden su enfermedad. Cómo blindar a nuestros hijos de las patologías actuales, que reflejan la confusión del joven de hoy: ser presa del antojo del momento, dejarme guiar por mi estado emocional, medicar los momentos de dolor o de aburrimiento con alguna sustancia enervante, caer en conductas compulsivas, conformarse con lo que todos eligen, considerar que da igual enamorarse de una persona que de un perro o de una computadora.

Minorías creativas que defienden los valores

En medio de tantas voces pregonando caminos de libertad, placer instantáneo y poder para lograr una vida cómoda, los padres y madres actuales, que aún creemos en la verdad universal, y en la formación cercana e íntima del carácter en nuestros hijos.

Tenemos la opción de ser, como tantas veces postulaba el Papa Benedicto XVI, minorías creativas que defienden los valores vinculados al propósito último del ser humano: el encuentro honesto con otros para aprender a servir y a amar.

Los valores de humildad, unidad y servicio se predican con el ejemplo. Las familias y comunidades católicas; que elegimos enseñar a nuestros hijos el entusiasmo por vivir, la dignidad de la persona y el sentido de nuestra existencia; lo tenemos que hacer contra la tendencia de la cultura dominante. Como diría Scott Peck, nos toca, en definitiva, caminar por “el camino menos transitado”.

Ese camino que enseña a las nuevas generaciones el valor de la renuncia a lo inmediatamente más gratificante; que enfatiza el aprender a esperar el momento idóneo para consolidar algo; el ser capaces de entender al otro y ser compasivos, sacrificarse por el bien común y distinguir con valor entre lo correcto y lo equivocado, eligiendo tomar decisiones éticas; y oponiéndose al hedonismo y al individualismo, así como a la cómoda postura posmoderna de que “todo es válido”.

¿Qué significa ser una minoría creativa?

Nosotros, parejas y familias comprometidas con formar personas íntegras para una sociedad urgida de líderes fuertes, dispuestos, optimistas y entregados; necesitamos ser una minoría ACTIVA y ENTUSIASTA. Entendiendo la complejidad del mundo actual; pero que es capaz de retar la globalización superflua, y se atreve a idear nuevas formas de compartir con alegría la verdad de que hemos sido creados con un alma única y con facultades maravillosas; que es nuestra responsabilidad armonizar y poner al servicio de los demás.

Eso es ser una minoría creativa que contagia de propósito a las nuevas generaciones; que a su vez tendrán la dura tarea de conservar la llama de la verdad y el bien; más allá de cualquier ideología relativista existente o venidera. No importa que seamos pocos, hay que hacer ruido, y unidos encontrar las mejores prácticas para fortalecernos en nuestra fe y dejar un legado.

Si te interesa ser un agente de cambio que moviliza los recursos y gestiona proyectos de educación en valores y fomento del bien común, la formación en minorías creativas y liderazgo que ofrece nuestro Instituto, puede ser el primer paso idóneo.  

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