Mejor forma de guiar a tu hijo

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Mtra. Claudia Orozco

Un padre le dijo a su hijo: “ten cuidado por dónde caminas”,

el hijo le respondió: “ten cuidado tú, recuerda que yo sigo tus pasos”. Anónimo

Creo que uno no puede entender cabalmente la trascendencia de esta frase hasta que no se es padre. Cuando pasamos ese umbral de ser la generación de arriba de alguien, nos damos cuenta de muchas cosas.  Recuerdo que los temblores no me daban tanto miedo, hasta que tuve a mi niña de 3 años en el kínder cuando tembló en el 2017…

Cuando nos hacemos padres, asumimos una gran responsabilidad y compromiso vitalicio que no es una carga porque lo asumimos desde el amor incondicional; claro, todo esto, en el mejor de los casos.  Y quisiera referirme a estos casos en este artículo, los padres que están presentes y están al pendiente de sus hijos, los padres que podrían estar interesados en leer un artículo que se llama “la mejor forma de guiar a tu hijo”.

Un padre está llamado a ser el mentor de sus hijos.  En el libro “El mentor: cómo encontrar un mentor y ser uno” (2008), Bobb Biehl nos comenta que “la relación mentor – pupilo es una relación de toda la vida en la que un mentor ayuda a un pupilo a alcanzar todo el potencial que ha recibido de Dios”.

¿Acaso no queremos eso para nuestros hijos: que sean la mejor versión que están llamados a ser?  ¿Cómo alcanzarlo?  Sin querer ser simplista, y acotándome a unas cuantas líneas, quisiera recalcar 5 puntos tratando de resolver esta pregunta.

  • “¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo?” Lc. 6, 39. Para guiar a personas tan apreciadas para nosotros, debemos estar ciertos del camino que tomamos. Debemos ver con claridad nuestros pasos.  Es un trabajo constante de conciencia y autoconocimiento.  Pongamos en alto nuestras aspiraciones, como quien “le tira a la luna”, para que nuestros hijos lleguen aún más alto que nosotros.
  • “Ser papá y mamá significa de verdad realizarse plenamente, porque es volverse similares a Dios”, Papa Francisco, 2015. No cabe duda que la paternidad y la maternidad es una vocación, es un llamado a la plenitud del amor.  En este llamado, podemos obtener un gran gozo.  El Dr. Miguel Marín Tejeda, en su libro “Cuídate para cuidar a otros” (2016), habla del “placer significativo que se obtiene como resultado de realizar un trabajo que proporciona cuidado y asistencia a terceros (…) Actividad que [nos] mantiene involucrados, interesados, comprometidos y en estrecho contacto emocional con las personas a quienes ayudamos”.  ¿Acaso no encontramos nosotros placer que va más allá de nosotros mismos cuando vemos los logros de nuestros hijos?  Para guiar a los hijos, necesitamos dejarnos iluminar por esta luz de la vocación de amor que arde en nuestros corazones.  Éste será el principal incentivo para poder guiarlos.
  • El mejor regalo que podemos dar a nuestros hijos es que nosotros estemos bien, me refiero a salud no nada más física, sino emocional y espiritual también. En el constante cuidado y servicio a los hijos nos desgastamos. Es sano y necesario descansar y reponer fuerzas.  Entiendo que en algunas ocasiones esto parece casi imposible: cuando tenemos bebés recién nacidos en casa, cuando algún hijo está enfermo, cuando estamos pasando por alguna circunstancia económica importante, etc., etc.  Pero, por bienestar de todo el sistema familiar, es preciso detenernos y evaluar qué tanto nos estamos cuidando a nosotros mismos.  Sólo podremos guiar a otros, cuando tenemos la fortaleza que proporciona el autocuidado constante. Éste es un llamado a la autoobservación: ¿Qué tanto estoy descansando? ¿Cuántas horas estoy durmiendo? ¿Cuánta actividad física estoy haciendo? ¿Cómo es mi alimentación? ¿Qué actividad tengo para relajarme? ¿Cómo convivo con mis hijos? ¿Tengo algún pasatiempo? ¿Qué necesito mejorar de mi diario actuar?
  • Lo anterior es muy difícil llevar a cabo si no tenemos, como padres, una red de apoyo; llámese abuelitos, tíos, amigos o vecinos. Cuando tenemos estos círculos de personas de confianza a quienes podemos acudir, o en quienes nos podamos apoyar mutuamente, nos fortalecemos en nuestro papel de guías.  “No basta el esfuerzo fragmentado de formación de las familias. Es indispensable hacer comunidad” (Granados, 2018).  Cuando tenemos la mirada objetiva, pero amorosa, de terceras personas, podremos ampliar nuestro horizonte de guiar.  Aunque también quisiera acotar que no se trata de preguntarle a los demás, por más respeto y admiración que les tengamos, qué hacer o que no hacer con nuestros hijos y que los demás decidan por nosotros.  Eso serían cargas morales.  Se trata de ampliar más nuestra visión a través de la mirada del otro.  Si estamos en este proceso de guiar a nuestros hijos, es imperativo que nosotros también nos dejemos acompañar en esta labor.  ¿Quién podría acompañarnos? Evidentemente nuestros mismos padres, pero también esas personas de la comunidad que, con humildad nos darán su punto de vista.  Asimismo, podemos dejarnos acompañar por expertos en el tema de familia, quienes nos ayudarán en el proceso de ampliación de conciencia, incremento de responsabilidad y el compromiso con nuestra paternidad.
  • Por último, quisiera que habláramos más acerca del término “guiar”. Pareciera que es un verbo que implica más acción del que guía, que del que es guiado.  Como si fuera el guía el que dirige el crecimiento, el que maneja una situación, o el que muestra el camino y el guiado solamente quien recibe la acción de manera pasiva.  Quisiera invertir los papeles.  Cuando guiamos a nuestros hijos, tenemos que enseñarles, efectivamente, las opciones que hay, de una manera integral, respetuosa y sana.  Acompañarlo en el proceso de discernimiento y elección.  Y cuando eligen, nos queda esperar a que su elección haya sido la mejor; y si no lo es, estar ahí para cuando nos necesiten de regreso.  El dejar que los hijos se equivoquen también forjará su carácter y el nuestro, como guías.

Resumiendo, la mejor forma de guiar a nuestros hijos (entre otras cosas), es:

  • Ser conscientes de nosotros mismos,
  • Amarlos incondicionalmente,
  • Cuidarnos para poder cuidarlos a ellos,
  • Formar minorías creativas y dejarnos acompañar,
  • Ayudarles a que ellos tomen responsabilidad de sus propias vidas.

Bibliografía

Alonso, S. (coord.) (2013) Coaching dialógico. Business Publisher Roundtable, España.

Biehl, B. (2008) EL mentor, cómo encontrar un mentor y ser uno. Ediciones Unilit, USA.

Granados, L., de Ribera, I. (coeditores) (2018) Minorías creativas: el fermento del cristianismo. Coedición Instituto Cencalli, S.C. Investigaciones y Estudios Superiores, S.C., México

Marín, T. M. (2016) Cuídate para cuidar a otros, programa para evitar el desgaste de los que trabajamos ayudando a los demás. Editorial Pax, México.

Maestría en
Ciencias de la Familia

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