Llamados al amor

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Mons. Rodrigo Aguilar Martínez

Obispo electo de San Cristóbal de Las Casas

Presidente de la Comisión episcopal de Familia, Vida, Juventud y Laicos

A la Primera Edición del Pontificio Instituto Juan Pablo II para Estudios sobre Matrimonio y Familia.

En medio de un mundo con gran desarrollo científico y tecnológico, de sorprendente comunicación virtual, sin embargo, las personas viven, paradójicamente, una creciente sensación de vacío, insatisfacción y soledad. La relación humana se está volviendo más egocéntrica y superficial.

La casa familiar deja de ser hogar para convertirse en hotel. Se ha perdido el centro y el rumbo de la vida. Ya estamos viviendo las consecuencias de una ideología de género asumida por programas de gobierno o planes educativos. El aumento del número de divorcios en nuestro país o simplemente la disminución de las personas que contraen matrimonio, son estadísticas alarmantes. Qué decir de la disminución drástica de la natalidad que incluso en nuestro país, México, pone en riesgo el recambio generacional.

Por todo lo anterior, acogemos como signo de esperanza la edición mexicana del libro “Llamados al amor, teología del cuerpo en Juan Pablo II”. La visión profética que nuestro querido Papa polaco regaló a la Iglesia, en la serie de catequesis sobre el amor humano en el plan divino, pronunciadas entre 1979 y 1984, no son material superado; por el contrario, adquieren ahora una actualidad única. El presente libro intenta hacer una reflexión de dichas catequesis. Tanto el profesor Carl A. Anderson como el profesor José Granados, logran una síntesis nada fácil de los temas abordados en esas catequesis.

El hilo conductor es justamente el amor desde el cuerpo humano, el cual en algunas épocas se ha visto con recelo y riesgo de perversión; en otras, por el contrario, se ha exaltado como centro de felicidad (“al cuerpo lo que pida”). Los autores, con este libro, provocan en el lector a reconocer la propia postura ante el cuerpo y encontrar sugerentes perspectivas de redención para llegar a la plenitud, conforme a la trascendencia centrada en Dios Trino y Uno.

Efectivamente, la Trinidad es nuestra fuente, fundamento y meta. Este libro nos introduce en dicha perspectiva. El Concilio Vaticano II puso de manifiesto que el camino de la Iglesia era justamente el hombre. El entonces cardenal Karol Wojtyła, vivió en carne propia, la urgencia de proclamar en las aulas conciliares que la Iglesia, en su renovación debía mirar al hombre al cual estaba llamada a servir. No se trataba de copiar de manera burda los esfuerzos de las filosofías existencialistas que ponían al hombre solips.sticamente ante sí, sino al hombre perfecto, al Emmanuel, al Dios que puso su morada entre nosotros.

Desde entonces el esfuerzo de los Papas posconciliaresha sido muy grande. Por hacer un breve recorrido desde entonces, mencionamos la publicación de la encíclica Humanae Vitae (25 julio 1968) del papa Pablo VI, que nos ponía delante de la imposibilidad de separar el significado unitivo del significado procreativo en el abrazo esponsal. Juan Pablo II, con las catequesis del amor humano, nos coloca delante del misterio y valor del cuerpo humano que llama, desde su diferencia sexual al amor como donación. Benedicto XVI con Deus caritas est (26 enero 2006) nos ayuda a clarificar nuestro concepto de amor. Finalmente, en nuestros días, el Papa Francisco con Amoris Laetitia (19 marzo 2016) nos sitúa en ese amor que se hace fecundo y se alarga en la familia, con sus luces, sombras y desafíos.

En este contexto, vemos muy importante y de gran provecho el libro que ahora presentamos. Una novedad de gran utilidad, y que refleja el conocimiento amplio y profundo de los autores de la obra wojtyłiana, es la continua referencia a la obra poética y filosófica de san Juan Pablo, a veces incluso poco conocida, que nos ayudan a matizar o explicitar lo que en las catequesis apenas se esbozaba o señalaba.

Encomendamos a la santísima Virgen, nuestra Señora de Fátima, patrona del Pontificio Instituto Juan Pablo II y en el centenario de sus apariciones, alcanzarnos la gracia de abrir nuestro corazón al misterio del amor de un Dios que, por amor, se hizo hombre y nos llama, por amor, a participar de su vida divina.

Maestría en
Ciencias de la Familia

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