La Teología del hogar vivida desde la cotidianidad

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Mtra. Andrea Guadalupe Moreno Pando

Recuerdo hace unos años, antes de que naciera nuestro cuarto hijo que sentía dentro de mí una necesidad inmensa de hacer una pausa. Mi alma ansiaba un tiempo de silencio profundo, de encuentro conmigo misma y con Dios. Lo puse en la mesa y mi esposo me apoyó, encontré una casa de retiros atendida por unas monjitas, no muy lejos de mi casa, donde literalmente recibían a todos los que como yo simplemente querían rezar. Me hubiera encantado poder escaparme una semana completa para Ejercicios Espirituales, pero en ese momento vi más realista y conveniente tener un fin de semana para este propósito.

Recuerdo que no iba con muchas expectativas, ni siquiera con alguna estructura o base de lo que “quería tratar”, simplemente quería rezar. Ya en el calor de la oración me di cuenta de que algo que me estaba pasando era que me encontraba un poco aturdida y confundida ante el bombardeo de estilos, métodos, teorías sobre la crianza… que si era necesaria la disciplina positiva, que si el apego y la importancia de la crianza respetuosa, que si es necesario sanar las propias heridas de la infancia para evitar repetir patrones dañinos, etc… muchos etcéteras. 

A parte uno encuentra información sobre absolutamente todo lo que quiera saber relacionado con la paternidad/maternidad y la educación de los hijos: desde el sueño, la alimentación, las relaciones sociales, los estudios académicos, la formación del carácter. Me atrevería a decir que vivimos rodeados por un exceso de información y al mismo tiempo por una escasez de criterio. Y fue como si de pronto me encendieran un foco en la cabeza: ¡Tengo que encontrar MI criterio! Pero ¿cómo le hago? ¿de dónde lo saco? 

Y recordé las palabras de Jesús: “Yo soy el Camino,Verdad y la Vida”(Jn14:6) y a mi alma regresó esa paz que tanto necesitaba. Recordé lo sencillo que es tener a Cristo al Centro de nuestra vida y la paz que da volver a lo esencial. Terminó mi fin de semana y esta experiencia de alguna manera sostuvo mi maternidad por un tiempo más.

Poco tiempo después llegó a mi vida el término “Teología del Hogar”, de inmediato sentí una conexión con aquella experiencia de ese fin de semana. Investigué un poco y encontré digamos que el sustento teológico de lo que quería para mi vida y para mi familia: hacer de mi hogar el templo para mi pequeña Iglesia doméstica. 

Comencé a encontrar respuestas en el ofrecimiento de lo que tenía para dar: mi vida cotidiana. Empecé a ver el valor de las pequeñas cosas, de lo ordinario, de lo sencillo. Fue como poner el freno de mano y comenzar a vivir lento, en perspectiva de lo esencial, del Cielo. Fue comenzar a vivir con la conciencia de que mis hijos (que, por cierto, ya son 6) no son ciudadanos de este mundo y que lo que tenemos para dar Gloria a Dios es el hoy y lo que podamos ofrecerle hoy.

Y así fue como cambié el chip y comencé a encontrar un verdadero gozo en lo que hacía. Aclaro, que hay momentos en los que no deja de ser difícil, o doloroso, o angustiante, o frustrante (o cualquier otro sentimiento que la maternidad pueda provocar), pero se viven de una manera muy distinta. Uno comienza a detenerse ante la mirada transparente de un hijo, uno logra contemplar la belleza de una fe sencilla, uno “fotografía con el corazón” esos momentos de risas, de juego, incluso de contención… en pocas palabras uno se queda pasmado ante la obra que todo un Dios ha querido hacer a través de unos instrumentos tan frágiles como lo son unos papás… que a ratos sólo sobreviven entre pañales, biberones y juguetes tirados y en otras ocasiones tienen una energía que parece poder contra todo el mundo. Lo cierto es que mucho de lo que comento arriba se vive en silencio, se ofrece en silencio, se queda en lo que nadie alcanza a ver, dentro de esas cuatro paredes de nuestra Iglesia doméstica.

Y esta última idea me lleva a otro tema muy interesante que es el de la sed tremenda que hay de “maternidades reales” (basta con abrir cualquier red social). El mundo nos enseña muy poco de lo que realmente es y no nos prepara para absolutamente nada de lo que en realidad necesitamos preparación, pero esa es otra historia, que amerita su propio artículo. Espero que algo de lo que compartí resuene en el corazón de muchos y se atrevan a dar el salto a querer soltar y comenzar a vivir desde esta nueva mirada que nos ofrece la Teología del hogar.

Maestría en
Ciencias de la Familia

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