Juan Pablo Quiñones Peña
Con el afán de brindar algunas pistas para seguir dialogando sobre la importancia que tiene la familia recordaba que, ya desde hace algunos años J. Miró (2014) mencionaba que estábamos envueltos dentro de una cultura de la desvinculación, la cual consiste en:
… pensar y actuar bajo la pretensión y sentimiento de que la realización personal sólo se logra mediante la satisfacción de la pulsión del deseo surgido de los impulsos primarios del yo, de manera que las consecuencias de los actos únicamente se valoran en función de aquella satisfacción (Miró, 2014, p. 92).
Esta aseveración implica según el mismo autor que nuestra sociedad está basada en:
- La pulsión de la satisfacción del deseo como única forma de concebir la realización personal.
- Le negación de que exista la verdad a causa del relativismo surgido de la razón instrumental.
- La sustitución del bien por la preferencia subjetiva.
- El cientifismo materialista que pretende que sólo es real lo que puede medirse (Miró, 2014, p. 94).
Después de trabajar con varios estudiantes en espacios de reflexión los impactos que tiene la cultura de la desvinculación, a continuación, presento algunas de las consecuencias que ellas y ellos ven en sus entornos más próximos:
- Pérdida de los vínculos humanos, en cualquier ámbito; relaciones de utilitarismo; aislamiento social; desvalorización de tradiciones en búsqueda de la pulsión personal; pérdida de identidad personal; pérdida de tradiciones; pérdida del sentido de la autoridad; falta de sentido en la vida; buscar vivir de forma acelerada, adelantando etapas; mayor insensibilidad al dolor del otro; búsqueda de una recompensa inmediata por hacer algo; individualismo; rechazo y desinterés ante las tradiciones; no existe la búsqueda de la verdad; se pierde la relación entre libertad y verdad; se pierde el dominio frente al deseo; surge la intolerancia frente la perdida de raíces culturales; falta de compromiso cívico; vínculos débiles interpersonales; perder de vista el bien común; alienación; la disminución de la cohesión social; repercusiones en la salud mental; la fragmentación del individuo, la familia y la sociedad; la libertad sin responsabilidad; el relativismo.
Ante este breve listado, seguramente se pueden incluir muchas más consecuencias que ya estamos viviendo. Pero justamente la familia tiene un carácter de mediadora social muy potente, el cual por muchos años ha disminuido el impacto de esta cultura en micro y macro escala. Para ejemplificarlo me permito retomar 7 características fundamentales:
- Núcleo irreductible.
- Mantener relaciones en cuento personas totales.
- La orientación a la simultaneidad del proceso interactivo de los actores.
- La intensidad emotiva.
- El énfasis en la calidad de los objetivos y de los procesos.
- Los valores altruistas.
- Un gobierno de las relaciones orientado al apoyo recíproco (Donati, 2004, p.41).
Gracias a estas características las familias son estructuras sociales que permiten, con diversa intensidad a lo largo del tiempo, facilitar la entrada de los individuos en diversas sociedades y ayudarles a permanecer en ellas, a pesar de sistemas inequitativos y deshumanizados. Y un valor que se encuentra presente en las 7 características antes señaladas y que es promovido desde el magisterio de la iglesia es la solidaridad, la cual es enseñada desde casa a cada uno de los ciudadanos que integran la familia.
Dicha solidaridad puede:
asumir el rostro del servicio y de la atención a cuantos viven en la pobreza en la indigencia, a los huérfanos, a los minusválidos, a los enfermos, a los ancianos, a quien está de luto, a cuantos viven en la confusión, en la soledad o en el abandono” (Pontificio Consejo Justicia y Paz, 2007, p. 141).
Por último, vale la pena recordar que la familia es objeto de acción política y debe ser sujeto de ésta, para procurar leyes e instituciones que defiendan los derechos y deberes de los ciudadanos, buscando transforma la sociedad. Dicha transformación debe estar encaminada a las esferas económica, jurídica y cultural -siempre poniendo al centro a la persona y cuidando su dignidad- (Pontificio Consejo Justicia y Paz, 2007, p. 141 – 142). La familia es una estructura social dinámica, flexible e importante donde cada individuo cuenta y vive un proceso de transformación desde su ser con quienes habita. No podemos quedar indiferentes ante los ataques que sufre cotidianamente.

