Importancia de la pedagogía familiar y su responsabilidad social

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Por Pablo Escobedo Garay.

“Hijo, ten cuidado por donde caminas.

“Papá ten cuidado tú, recuerda, que yo sigo tus pasos…” (frase popular).

La sociedad existe desde que el hombre existe, es inherente a él mismo, Moreira (2003) afirma al respecto: “Su coexistencia se halla tan íntimamente compenetrada que así como no es posible hablar de una sociedad sin hombres, tampoco es dable referirse a estos sin la presunción de aquella” (p.2). 

De ser esto así, es de suponer que toda la historia de la humanidad se ha determinado por la formación de los vínculos sociales necesarios que han propiciado a su vez la supervivencia del hombre, esto va desde el hombre primitivo (cazador-recolector) que funda lo que podemos llamar sociedad prehistórica, hasta el contemporáneo, cuya sociedad ha sobrepasado cualquier tipo de frontera geográfica al verse inmerso en la denominada globalización (sociedad global).

Durante todo este lapso de tiempo, el hombre fue experimentando una serie de cambios sociales que fueron determinando su comportamiento y la manera de como este ve, interpreta y se apropia del entorno que le rodea. Estos cambios o procesos evolutivos de la sociedad los clasificó Karl Marx en lo que denomino los “modos de producción”, no para explicar la evolución de la sociedad concretamente; sino para definir cómo el hombre produce los satisfactores que requería en cada época. Sin embargo, al tener en consideración los procesos productivos, es intrínsecamente necesario hablar de las relaciones sociales que el ser humano ha tenido que desarrollar a lo largo de su devenir histórico en pro de su existencia.   Su materialismo histórico ayuda a entender el desarrollo e importancia de la sociedad en la vida del hombre.

La sociedad es, por tanto, la suma de las necesidades, intenciones, aspiraciones, pero sobre todo de actos que llevan al hombre el poder desarrollarse, el subsistir y el llegar a trascender.  En otras palabras, el hombre por su naturaleza inscrita en el corazón ha hecho a la sociedad, y a su vez, la sociedad ha hecho al hombre ser lo que es.

En el libro del Génesis (1, 27-28) encontramos el fundamento teológico de la sociedad: “Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, macho y hembra los creó. Y bendijolos Dios, y dijoles Dios: «Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla…»”. Esta cita, denota intrínsecamente el origen de la sociedad, al relacionar en el mismo grado la tarea fecunda que han de emprender tanto el  hombre y la mujer.

Precisamente esta tarea también denota la creación de la familia, como sociedad originaria y responsable de la misma humanidad. La fecundidad a la que invita Dios en el génesis, no sólo hace referencia a la procreación, siendo esta la primer tarea que el hombre y la mujer han de realizar; es del mismo modo, el llamado a la apropiación, cuidado y  desarrollo de todo lo que Dios ha creado y  puesto bajo el dominio del hombre: “la casa común”. Tarea que ha de llevar a cabo con responsabilidad y amor.

Al momento en el que Dios crea al hombre y a la  mujer, propicia el diálogo: Él  llama y la humanidad responde con la actitud de obediencia, surge del mismo modo la educación. Dios educa al hombre a partir de una enseñanza: «Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla…» (Gn 1, 28), y el hombre a su vez transmite dicho conocimiento a su estirpe.

Por su parte el Compendio de Doctrina Social de la Iglesia Católica en el numeral 213, habla del papel que desempeña la familia en la construcción de la sociedad humana y por tanto de su preservación:

“La familia, comunidad natural en donde se experimenta la sociabilidad humana, contribuye en modo único e insustituible al bien de la sociedad. La comunidad familiar nace de la comunión de las personas: «La “comunión” se refiere a la relación personal entre el “yo” y el “tú”. La “comunidad”, en cambio, supera este esquema apuntando hacia una “sociedad”, un “nosotros”. La familia, comunidad de personas, es por consiguiente la primera “sociedad humana””. (p. 135)

A partir de este conocimiento, se puede afirmar que el hombre, la familia-sociedad, y por tanto la educación se fundan en el mismo momento. Es una sinergia sin la cual el hombre simplemente no podría subsistir.

Ante este panorama y bajo el entorno socio-cultural de todos los tiempos,  y en especial en el momento actual, la educación se tiene que desarrollar en un contexto familiar, por ser la primer estructura de acogida que el hombre experimenta al momento de nacer, y mediante la cual ha de aprehender todo aquello que le es necesario para poder desarrollarse a lo largo de su vida.  El mismo Compendio de la Doctrina Social  en el numeral 210, nos dice: “En la familia se aprende a conocer el amor y la fidelidad… …los hijos aprenden las primeras y más decisivas lecciones de la sabiduría práctica a las que van unidas las virtudes…”

Este proceso natural de enseñanza-aprendizaje que se da dentro del núcleo familiar, es lo que se denomina: “Pedagogía Familiar”.

La educación familiar tiene por tanto la responsabilidad primordial de gestar el destino personal, profesional y social de la vida de los hijos; pues los padres son para la estirpe, quiéralo o no: un modelo de vida que educa de manera testimonial y construye la personalidad de los hijos. Los padres para los hijos son por tanto:

Modelos permanentes de la vivencia del compromiso constante.

Modelo de la vivencia de los valores ético-religiosos.

Modelo de actitudes de sí mismos, ante los otros y los problemas.

Modelo de vivencia del ejercicio de autoridad y responsabilidad.

Modelo de vivencia de las relaciones humanas.

Modelos de vivencia de los sentimientos de protección y su seguridad.

Animadores culturales de cada hijo.

Motivadores e impulsores de aprendizajes necesarios.

Dadores fundamentales de confianza y seguridad.

Correctores de impulsos, sentimientos y acciones negativas.

En la vida cotidiana de todos los hombres, que en algún momento fuimos o somos hijos, se presentan situaciones ante las cuales no sabemos cómo responder de manera inmediata, ya sea por el grado de dificultad que representa o por la inexperiencia ante dicho contexto. Sin embargo, sí existe una experiencia previa, que sí bien no se había sabido dimensionar por la falta de necesidad de hacerlo, está presente en el subconsciente el conocimiento adquirido por el testimonial de nuestros padres; y de este modo, ellos se convierten en modelos a seguir ante las circunstancias que se presentan en la vida. Esto sucede cuando nos cuestionamos o reflexionamos sobre cualquiera de estos aspectos (sólo por mencionar algunos de ellos que sirvan de ejemplo):

¿Qué haría papá o mamá al respecto?

Mi mamá/ papá lo hacía de esta manera.

¿Qué le parecería a mis padres si hiciera…?

Mi papá/mamá decía…

Sean como sean las familias, pues existen muchas circunstancias en la vida del hombre que van modificando o determinando el modelo tradicional (mamá, papá e hijos) ya sea por la muerte de algún miembro, la desintegración de la misma derivada del divorcio, la adopción por otros parientes o por sistemas gubernamentales, etc.; la familia como tal no pierde en ningún momento su importancia en la vida y conformación de la sociedad.

Es por ello que la educación familiar siempre ha de ser fundamental, en el pleno desarrollo integral de los hijos,  pues marca al individuo para toda la vida, y  genera en él, la estructura mental y madurez afectiva que determina su desarrollo humano y su pertinencia social: ella  es el punto de referencia de la humanidad; y del mismo modo el papel que ha de desempeñar en la educación de los hijos es insustituible. Por su naturaleza y en el rol protagónico como pedagoga por excelencia que la distingue de toda la sociedad como su célula básica,  se  gesta un  derecho y por tanto una obligación fundamental que han de ser respetado y garantizado por ella misma, por la sociedad y estado:

“…El primero es el derecho de la familia a ser reconocida como el principal espacio pedagógico primario para la formación del niño… los padres han de hacerse responsables de la educación íntegra personal y social de los hijos, también en lo que respecta a su educación sobre la identidad sexual y la afectividad, en el marco de una educación para el amor, para la donación mutua… … no puede ser totalmente delegado o usurpado por otros”. (Varón y mujer los creó, 2019, no. 37)

            La Congregación para la Educación Católica a petición de su Santidad Francisco, publicó el pasado 10 de junio del 2019 el documento anteriormente citado. Su génesis es la respuesta a  la crisis antropológica que vive el hombre contemporáneo, caracterizada por la cultura individualista, egoísta, de la inmediatez, del descarte, una hipersexualización en todos los sentidos, consumismo y materialismo recalcitrante, un relativismo moral, ético y bioético; se ofrece un estilo de vida eugenésico fundamentado en la cultura de la muerte (aborto, eutanasia, fecundación in vitro, alquiler de vientres, homosexualidad, lesbianismo, etc.); una sociedad en donde la mujer que busca ser reconocida y valorada por su valor in situ, en realidad es despreciada, menospreciada y denigrada  por ella misma, y que a la vez que produce el mismo fenómeno con toda la humanidad (hombres, mujeres y niños) a través de la feroz ideología de género que se viene a imponer como una supuesta libertad sobre la verdadera libertad, buscando oprimirla y hacer partícipes a toda la humanidad de los principios liberales-progresistas, relativistas, hedonistas, pragmáticos que tienen como fin último la degradación de la humanidad. En otras palabras, es perder el valor divino de lo humano. Por ello el documento marca como principal problema social la crisis antropológica. El hombre comienza a saber que no sabe lo que es, y en esa búsqueda de saber lo que es, se ofrecen todas estas posibilidades que antes de llevarlo a encontrar su sentido de vida, lo pierden y masifican. 

Todos estos fenómenos socio-culturales que se suscitan en la sociedad contemporánea,sólo por mencionar algunos de los muchos que se están suscitando,  tienen como punto de partida para su efectividad el proceso educativo, el cual se ha efectuado por medio de todos los ámbitos disponibles.

Este  cambio de mentalidad del hombre es progresivo y gradual y tiene su punto de partida en la familia, pues sin acción educativa sería imposible lograrlo. Es por ello que los primeros actores sociales que son manipulados por las ideologías contemporáneas, son: los padres de familia. Se les vende como producto de estantería la necesidad de tener, poseer, enriquecerse, lograr metas y sueños, a pesar de encontrarse totalmente fuera de la realidad y por qué no, considerarlos hasta cierto punto como esquizofrénicos y neuróticos.

Por tanto para lograr dichos satisfactores, los padres de familia tienen que trabajar más para ganar más y por tanto sacrifican lo más valioso que tienen: “su familia”. Delegan su responsabilidad y obligación primordial a terceros. En el mejor de los casos a los abuelos, en los peores: a niñeras, nanas, guarderías y escuelas tanto públicas como privadas, que si bien muchas de estas tienen buenas obras y por tanto sus fines son buenos y lícitos, otras tantas no los tienen; de igual manera se delega la educación a la literatura, la música, a  videojuegos, a las redes sociales (en donde suceden un sin número de fenómenos nocivos para los niños y jóvenes),  al cine, la televisión, a los medios livestream como Netflix, bling, etc. Hoy por hoy la plataforma youtube se alza como el principal medio educativo en todas las edades. Lamentablemente todos estos medios y tecnologías no se han sabido aprovechar y se ha hecho un mal uso de ellos, sobre-explotándolos y delegando casi la totalidad de la pedagogía familiar que le es propia a los padres de familia, que en la mayoría de los casos no cuidan lo que ven, oyen, y cómo educan a sus hijos.

Por mencionar un caso de tantos. Es de llamar la atención el incremento inmesurado de la narco-cultura en la sociedad mexicana, esto a pesar de vivir en un estado fallido, víctima del narcomenudeo, de asesinatos, ejecuciones, secuestros, y demás factores que van de la mano con el crimen organizado. El pensamiento y opinión de la mayoría de las familias se centra en la necesidad y exigencia a las autoridades para que provean seguridad, paz y tranquilidad en las comunidades. Hay expresiones como: “Esto no puede seguir sucediendo”, “ya basta”, “estamos hartos”, “todos conocemos a alguien que pasó por algo…”, etc., incluso se han llegado a propiciar movimientos y marchas multitudinarias que buscan la paz y se manifiestan en contra de esta narco-cultura. Sin embargo, ¿cuántos padres de familia han visto por lo menos una serie de narcos? ¿Cuántos padres de familia escuchan música referente a la moda del narcotráfico? ¿Cuántos padres de familia han leído o por lo menos tienen revistas o textos referentes a este fenómeno en casa? ¿Cuántos compran los periódicos sensacionalistas en donde aparecen las notas referentes al narcotráfico? ¿Cuántos buscan este tipo de contenidos en todos los medios posibles? ¿Cuántos padres de familia regalan juguetes bélicos como pistolas y cuchillos a sus hijos y los ven jugando a matar personas y lo ven como divertido y gracioso?

La respuesta es: muchos lo hacen, y todos los que lo hacen  transmiten testimonialmente este patrón de conducta y gusto a sus hijos. Es por ello que hoy por hoy, en las escuelas no es de extrañarse  escuchar a algún niño decir: “yo de grande quiero ser sicario, narco, etc.”

Lamentablemente las familias  se sienten satisfechas con saber que están aportando económicamente lo necesario para cumplir con la obligación que tienen en cuanto a su rol protagónico como educadores por excelencia, sin embargo esto nunca será suficiente, pues en realidad no se está cumpliendo con la pedagogía familiar, no hay educación como tal, únicamente se da una transmisión de enseñanzas y aprendizajes, pero no hay educación real, lo vuelvo a reiterar, pues de serlo así, se estaría enseñando sobre valores, cultura, sobre lo bueno y lo bello, lo estético, sobre los pilares que han de hacer a la persona cada vez más humana, más digno, más consciente de su papel protagonico en la construcción de una cultura de paz y de bien común.

Nuevamente el Compendio de la Doctrina Social en el numeral 213 clarifica la importancia del papel que debe y ha de desempeñar la familia por el bien de la sociedad y de la misma humanidad:

“Una sociedad a medida de la familia es la mejor garantía contra toda tendencia de tipo individualista o colectivista, porque en ella la persona es siempre el centro de la atención en cuanto fin y nunca como medio. Es  evidente que el bien de las personas y el buen funcionamiento de la sociedad están estrechamente relacionados con la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar. sin familias fuertes en la comunión y estables en el compromiso, los pueblos se debilitan”. (p.136)

Quizás la tarea más complicada que tiene que enfrentar la sociedad contemporánea, es la de rescatar el valor de la educación familiar. Si queremos como sociedad lograr comunidades más justas y más humanas, con sólidos principios morales, con prácticas éticas, fundados en la caridad,  solidaridad, subsidiariedad y el bien común; personas capaces de amar y servir, de valorar lo más preciado que el hombre posee: su dignidad. La familia es la única y verdadera solución.

Los padres de familia deben de recordar que “las palabras convencen, pero el ejemplo arrastra” (refrán popular). Su testimonio es la piedra angular de una buena educación. Son modelos, pastores y guías de sus hijos, y por tanto los verdaderos edificadores de la sociedad. La responsabilidad es grande, es una tarea para titanes y la medida para saber si estamos en el camino correcto es voltear a ver a las sociedades: si una comunidad se encuentra resquebrajada, es porque las familias están en crisis y resquebrajándose; si se encuentra sólida, es porque la familia se fundó sobre la roca… 

Maestría en
Ciencias de la Familia

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