Escuchar a los hijos para ser mejores padres

Escuchar a los hijos para ser mejores padres
Compartir en facebook
Facebook
Compartir en twitter
Twitter
Compartir en linkedin
LinkedIn
Compartir en whatsapp
WhatsApp
Compartir en email
Email
Compartir en print
Imprimir

Por Luz María Dollero.

El otro día mi hijo me pidió que le prestara el termómetro electrónico y no puedo olvidar lo que me dijo tras dárselo:

“¿Y sí sirve esto… o sólo me lo prestas para que me distraiga?”

No puedo negar que lo primero que pensé fue: “¡Vaya! Qué listo es este niño de 5 años”; sin embargo, me descolocó su pregunta porque en casa, con todas nuestras metidas de patas, justamente intentamos no “tirar a locos” a nuestros niños, ni tratarlos “como si no se enteraran de nada” o “como si captaran sólo ¼ del asunto”, así que inmediatamente respondí: “¡Obvio que sirve! ¿Cómo crees que no?”

Entonces, me sentí irritada e impotente. Irritada e impotente por el trato irrespetuoso e injusto que muchas veces reciben los niños, mismo del que sí se percatan, aunque en muchos casos no digan nada.

Podría haber gastado tiempo en indagar quién, cuándo y cuántas veces le ha aplicado a mi hijo ésta u otra “táctica sucia” para que “no dé lata y se esté tranquilo”. No obstante, preferí detenerme a reflexionar sobre lo que yo podía aprender, prever y cambiar a partir de esta pequeña interacción con mi hijo y sobre lo que necesitaba ayudarle a sanar y a enfrentar.

Así pues, me enfoque en el hecho de que el pequeño dudó de mis intenciones al recibir lo que pedía. Él sintió que accedí a prestárselo “sólo para que se entretuviera y entonces, yo pudiera “desafanarme” de él para hacer mis cosas”.  En consecuencia, resulta irrelevante si su suposición era correcta o incorrecta, lo importante a tomar en cuenta es que él lo percibió así.

Y aquí entre nos, tal vez no andaba tan errado el pequeño, ya que yo sí llevaba unas noches del terror y unas mañanas intensas con él en casa, sin ir al cole, porque tenía fiebre. Por lo que, si bien mi intención racional no era “quitármelo de encima” es altamente probable que inconcientemente transmitiera una necesidad real que debía cubrir para poder atenderlo mejor y ¡él lo percibió!

Con esto llegamos a un punto fascinante e increíblemente delicado sobre el que se debe ser conciente:

Los niños son sumamente sensibles para captar nuestros sentimientos y necesidades desatendidas y no expresadas.

En conclusión, éste fue un hecho simple y sin grandes complicaciones. Sin embargo, ayuda a obtener aprendizajes fundamentales que se pueden resumir en 5 puntos:

Es preciso percibir y reconocer nuestras necesidades para poder expresarlas con asertividad, atenderlas e incluso, compartirlas con nuestros niños. Ante ellos no las podemos ocultar y de hecho, intentarlo puede resultar contraproducente.

Nuestros hijos son pequeños de tamaño, pero entienden y captan más de lo que imaginamos.

Nuestros hijos merecen un trato digno y sentirse valiosos, no un estorbo.

Hay que generar espacios seguros y mantener la conexión con ellos para que sean capaces de expresar sus sentimientos y pensamientos.

Ellos son nuestros mejores maestros, si somos humildes y responsables podemos aprender mucho de ellos para ser mejores personas y padres.

Maestría en
Ciencias de la Familia

Sigue leyendo

Solicita informes