Por Mtra. Claudia Orozco
Llevo 9 años entrevistando a jóvenes que quieren entrar a la licenciatura antes llamada Ciencias de la Familia, y ahora llamada Desarrollo Humano y Familiar. No son exactamente lo mismo, pero esa historia te la contaré en otra ocasión.
Hoy quiero hablarte desde el corazón. No desde lo académico, sino desde lo que he visto, escuchado y sentido como coordinadora de esta licenciatura.
A lo largo de los años, he notado ciertos rasgos comunes en quienes tienen una vocación profunda de trabajar con personas. Si al leer las siguientes señales algo en ti hace clic, tal vez ya sabes hacia dónde va tu camino:
- Tienes un trato cálido.
Llamas a las personas por su nombre, las miras cuando te hablan y los demás suelen buscarte cuando necesitan consejo o contención. Lo humano te importa. - Sirves con el corazón.
Aunque acabes cansado, servir te llena. Siempre estás buscando dónde puedes ayudar más y mejor. - La gente te sigue.
Terminas liderando equipos en la escuela, la parroquia o donde estés. No porque lo busques, sino porque los demás confían en ti y saben que lo harás bien. - Te entregas al 100%.
A veces te dicen que eres “intenso”, pero en realidad das todo de ti cuando algo te importa. Y eso, créeme, es una gran fortaleza. - Tienes una mirada comprensiva.
No juzgas. Buscas entender. Te pones en los zapatos del otro antes de opinar o actuar. Eso habla de una vocación profunda de acompañar. - Leer y escribir te apasiona.
Te gusta adentrarte en los libros y también expresarte por escrito. Sabes que las ideas pueden transformar vidas. - Ves lo que otros no ven.
Tienes una mirada creativa, capaz de encontrar soluciones, posibilidades y recursos donde otros solo ven obstáculos. - Tu fe guía tu camino.
Si tienes una historia espiritual que te impulsa a trascender, sabes que tu vocación no es casualidad: es un llamado a dejar huella. - Tienes conciencia emocional y social.
Entiendes tus emociones, pero también las de los demás. No te quedas en la teoría: quieres hacer algo para mejorar su realidad. - Sueñas con un trabajo con sentido.
No te basta con ganar dinero. Quieres dedicarte a algo que cambie vidas, ya sea desde una fundación, una escuela, una empresa o un proyecto comunitario.
Y ahora… ¿qué sigue?
Tal vez —sin querer— te acabo de revelar algunos secretos para pasar mi entrevista académica. Pero más allá de eso, si varias de estas señales resonaron contigo, es momento de que te des la oportunidad de explorar esta carrera.
Porque sí existe una licenciatura para quienes quieren comprender, acompañar, transformar.
Una carrera para quienes ponen a la persona al centro.
Y esa carrera se llama Desarrollo Humano y Familiar.

