Y lo sapiens… ¿dónde quedó?

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“Hombre soy y nada humano me es ajeno.” Terencio

 Tony Gracia

En su elocuente participación en la Semana de la Familia, Tony Gracia nos hizo reflexionar sobre dónde ha ido nuestra capacidad innata de pensar… “Pareciera que hoy en día, poner en práctica lo sapiens es el crimen más atroz”. Vivimos una sociedad que se deje mover por el sentimentalismo barato. 

El cambio de época que estamos viviendo es muy profundo, es una reconstrucción de la estructura del ser humano que trae consigo un nuevo modelo cultural y una nueva sociedad. Nos encontramos en una lucha entre lo racional y lo sensible. 

El post modernismo actual se caracteriza por una pérdida de sentido de trascendencia. 

El corazón se ha vuelto egocéntrico, indiferente ante las carencias, vulnerabilidades y necesidades de los otros. 

Lo que importa es el aquí y el ahora, se vive una inmediatez. Esto nos trae personas con una voluntad ligera, mucho más influenciable. Basta con que se presente algo que encandile para captar al sujeto. Las ideologías mandan una iniciativa que es atractiva, y los de la voluntad débil caen. 

¿Sirve para algo la verdad hoy en día? 

Se cuestiona la verdad de manea irracional. Ya no importan los datos empíricos, los argumentos comprobables, sino el mero sentimentalismo. Cuando se toca el sentir, ya nada más vale. Se apuesta hacia la emotividad. No tienen y niegan las certezas absolutas. La verdad se convierte en un tema consensual. 

La infoxicación es el exceso de información que va provocando la caída del conocimiento y la atención. Por la falta de juicio, se acepta todo sin filtro. Las personas comienzan a creerse cualquier cosa. Ese sobre exceso de información ha sido fuente de una serie de ideologías se instalen cómodamente en la sociedad. 

Al negar la verdad se abren las puertas al mundo del absurdo. Las conciencias se adormecen y llegan a justificar barbaries. El relativismo se convierte en el falso camino para construir una sociedad “tolerante”. Es un arma de silenciamiento masivo. 

La tolerancia debe ser hacia la persona y no hacia los actos libres de la persona. 

Denunciar los actos malos no convierte a uno en intolerante. Los actos, voluntarios y libres, deben estar sujetos al juicio ético y moral. La tolerancia debe estar enfocada hacia el bien. El mal no se tolera, se reprueba. Pero se ha convertido en un arma para callar a todos aquellos que piensen diferente al que cree tener la verdad. 

Este es el as bajo la manga de los pensadores post modernos usan contra todos. Ir en contra de la evidencia es un signo de la post modernidad. 

La evolución psicosociológica ha influido en la manera de concebir y comprender la verdad. Hemos sido reducidos de ser un ser que piensa… a un mero ser que siente. La imagen suplanta la palabra. Dejamos de cuestionar lo esencial. Hemos dado un daos en la escala evolutiva de homo sapiens a homo estupidus, aquel que teniendo la verdad enfrente, la niega. Esto nos lleva al último eslabón de la evolución homo esclavus. 

Esclavo de las ideologías, las modas, las corrientes. 

En el clamor de la libertad, se es más esclavo de la ideología en turno. Cuando se destruye a la persona desde dentro, todo es posible, calando la esencia misma de lo que somos: todo es entonces permitido. Ir en contra de lo que nuestra propia naturaleza nos dice, trae las consecuencias más atroces. Estamos ante el RIP por el sentido común. 

Otras consecuencias de este cambio de época es la pérdida del sentido de la vida. Es un mundo de aparecierais, una vida completamente insatisfecha. El sinsentido lleva al ser humano a la deshumanización. Los principios éticos dejan de ser inmutables, y el hombre se convierte en el parámetro para decidir. El bien y el mal son el resultado de nuestros propios estándares. Existe una tendencia excesiva a desorientar al ser humano. 

Se ha perdido la grandeza de ser persona. La palabra dignidad es vacía. No hay puntos de referencia. ¿En qué momento perdimos nuestra humanidad? ¿Cuándo nos vivimos tan insensibles para ser indiferentes con el dolor de los demás? 

El mundo nos presenta la felicidad como tener, poseer, vivir el aquí y el ahora. Si la felicidad se sustentara en eso, ¡qué pobre sería! Cuando el hombre deja de hacer el bien y buscar la verdad, va involucionando. 

Estamos todos llamados a rescatar la esperanza. Cuando un humano pierde la esperanza, se deja morir. Aunque pareciera que el lado oscuro está ganado la batalla, el mal no tiene la última palabra. Si tú no, ¿quién? Si no ahora, ¿cuándo? Si no aquí, ¿dónde? No sabemos el alcance de las pequeñas acciones, pueden serlo todo. 

“Lo único necesario para que el mal triunfe es que los buenos no hagan nada.” – Burke 

¡Retomemos la naturaleza sapiens!


Maestría en
Ciencias de la Familia

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