Orígenes de una aventura: los inicios del Instituto Juan Pablo II

los inicios del Instituto Juan Pablo II
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Óscar Perdiz Figueroa

Hoy el Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II cumple 40 años de servir a la Iglesia a través de la formación de líderes expertos en persona, matrimonio y familia. En el siguiente texto, compartimos con usted, un viaje a través de nuestra historia:

Aquel recordado 13 de mayo de 1981 el papa firmó su apuesta por la familia, con tinta por la mañana y con su propia sangre por la tarde en la plaza de San Pedro. En la audiencia que ya no se realizó, iba a anunciar la creación del Consejo Pontificio de la Familia y el Pontificio instituto Juan Pablo II de estudios sobre el matrimonio y la familia, subrayando que la Iglesia no cumple plenamente su misión si no acompaña a las familias desde un fondo serio y profundo, por la importancia que tiene el matrimonio y la familia para el individuo y para la sociedad

Situación y nuevos retos. Esta gran aventura se gestó desde la experiencia tanto académica como pastoral que Karol Wojtyla fue adquiriendo en el marco de un régimen totalitario que pisoteaba los derechos humanos. En el aula surgió la necesidad de rescatar verdaderamente la dignidad de todo hombre y su vocación a amar. Mientras el acompañamiento concreto a jóvenes que enfrentaban las dificultades naturales de toda relación, empujó al joven sacerdote a una reflexión más profunda y a la creación de grupos de apoyo.

En los años sesenta se introdujo la comodidad y el placer como ideales de vida y con nuevas formas de manipulación: no hay persona más frágil -y peligrosa- que la que toma sus antojos y ocurrencias como normas morales. Por aquellos años se introducen las píldoras contraceptivas se separan elementos esenciales de la relación la procreación, el amor y el sexo, creando una gran desorientación en torno al sentido de la sexualidad y de la persona misma. El resultado de estos criterios no podía ser otro que el mutuo uso entre personas, la violencia y la desconfianza en las relaciones.

Propuesta y acompañamiento. Además del acompañamiento K. Wojtyla había ya escrito una obra de teatro para ayudar a jóvenes y matrimonios en los nuevos retos: El taller del orfebre. Había ofrecido una verdadera revolución sexual con su obra Amor y responsabilidad. En ella aborda la problemática sexual de deseos, el riesgo de usar al otro, el laberinto de los sentimientos la integración del amor superando las posturas tanto hedonistas que reducen el sexo a placer y las rigoristas o puritanas que lo condenan, más bien propone una integración para lograr la durabilidad en el amor a través de la donación total, exclusiva y fecunda. Esto no se da por naturaleza sino desde un trabajo personal y en pareja y requiere de fortalezas o virtudes como la castidad.

Diez años más tarde escribirá Persona y acción, una base antropológica en la que logra una integración entre la naturaleza humana en sentido dinámico y la autorrealización a partir de la autointerpretación, sin olvidar o saltarse la esencia de la persona. Al ser truncada su vocación de filosofo con la elección a obispo de Roma, ofreció una nueva serie de reflexiones para acompañar a las familias desde una formación en el amor con un principio y fundamento teológicos (orígenes, corazón necesitado de redención y llamado a la resurrección), en clave ya no individual sino en pareja. Esta teología está atenta siempre a la evidencia del cuerpo para no caer en nuevas ideologías. Se trata de las catequesis sobre el amor humano y otras muchas intervenciones. El objetivo era promover una sociedad vivible que necesariamente está basada en la familia y darle sentido a la vida desde el amor. Hay un proyecto divino de redención presente en el cuerpo sexuado, tal como se presenta.

Así nació la necesidad de crear un instituto que estudiara la familia, el matrimonio y su problemática desde otras ciencias como la psicología, la pedagogía, el derecho y la medicina para ofrecer una mejor comprensión y un acompañamiento más completo, además de la filosofía y la teología.

Una nueva era. Ante el narcisismo tan difundido, el individualismo, el extravío en las pantallas, el aletargamiento que se ve en muchos o simplemente el despiste o la vulgaridad en los ideales, el Instituto ofrece caminos de esperanza a individuos, parejas y acompañantes. Este instituto universitario propone desde las ciencias, que la persona no es un ser para sí sino para el otro, es esponsal. Esto implica la promoción de una alianza entre sexos. Por tanto el proyecto redentor de Dios se realiza en pareja. Ofrece a laicos, religiosos y sacerdotes una formación científica para dar una motivación profunda a la pastoral familiar y superar el extrincesismo moral o la clave de obediencia e ir dando origen a una actitud responsable de comunidad más que de feligresía, de acompañamiento cercano a las familias, más que de mera prédica u órdenes. En la línea de la teología de la familia están documentos como la exhortación Familiaris consortio, las encíclicas Evangelium vitae, Veritatis splendor, la Carta a las familias, la Carta a los jóvenes y otros. Todo este cuerpo tiene un alcance no solo en el acompañamiento sino en la concepción misma de la Iglesia, gran comunidad de familias.  

La sede del Instituto en Roma está en la universidad de la diócesis del Papa, la Universidad Lateranense dentro del territorio del Estado de la Ciudad del Vaticano, detrás de la catedral de Roma. Los dos primeros presidentes del Instituto fueron Carlo Caffarra y Angelo Scola creados rápidamente cardenales. Juan Pablo II estuvo cerca del Instituto con especial afecto desde sus inicios, teniendo numerosos encuentros con los docentes y estudiantes. Para la inauguración académica en octubre de 1981, reunió en Castelgandolfo al equipo de docentes y en diciembre de ese año realizó un encuentro con los estudiantes. En 1985 se funda la revista Anthropotes. La Sección Mexicana abrirá sus puertas en 1992, bajo la dirección de los Legionarios de Cristo y ligada a la Universidad Anahuac.

El Instituto es una gran iniciativa de Juan Pablo II. No es casualidad que minutos antes de morir expresó su deseo de ser recordado como el Papa de la familia.

Maestría en
Ciencias de la Familia

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