El sábado 9 de agosto fue un día de fiesta y gratitud para la Diócesis de Ciudad Obregón. En un ambiente de profunda alegría y compromiso pastoral, se llevó a cabo la ceremonia de entrega de diplomas de la 2nda Generación del Máster en Pastoral Familiar, un programa de formación que, durante un año y medio, ha preparado a laicos y agentes de pastoral para servir con mayor eficacia y amor a las familias de sus comunidades.
El Presidium estuvo conformado por el Obispo de Ciudad Obregón, Monseñor Felipe Pozos Lorenzinni; la Mtra. Marilupe Prosperi Albisua, Directora del Instituto Juan Pablo II de Puebla; el Padre Aníbal Lauterio, Vicario de la Pastoral Familiar de la Diócesis; y el matrimonio coordinador diocesano de la Pastoral Familiar, Ana Paola Ustaran y Jorge Saldamando.
La jornada inició a las 6:00 p.m. con una celebración eucarística presidida por Monseñor Pozos, concelebrada por el Padre Aníbal. Durante la homilía, Monseñor recordó las palabras del Papa León XIII: “Con la mirada al Cielo”, recordando a los egresados que todo lo que se realiza aquí cobra sentido a la luz de la eternidad. Invitó a mantener siempre esa orientación espiritual en cada servicio y misión que emprendan.
Finalizada la misa, se dio paso al acto académico, en el que 38 alumnos recibieron su diploma tras completar un proceso formativo que incluyó tres diplomados y múltiples espacios de aprendizaje. Desde el Presidium, Monseñor, el Padre Salvador, Ana Paula y Jorge dirigieron mensajes llenos de gratitud y aliento. El Obispo destacó la unidad y diversidad de la Diócesis, subrayando la riqueza de tener representantes de Guaymas, Ciudad Obregón, Navojoa, Huatabampo, San Carlos, Cumpas, y pueblos de la Sierra, incluyendo comunidades Yaquis. Un reflejo tangible de cómo este programa ha alcanzado y unido a todo el territorio diocesano. Motivando a los graduados a poner al servicio de la Pastoral Familiar las herramientas adquiridas, con un compromiso renovado hacia sus parroquias y comunidades.
Uno de los momentos más emotivos de la noche fue el mensaje de la egresada María Laura Riemann Valenzuela, quien invitó a sus compañeros a perseverar en esta “trinchera del amor”: la defensa y promoción de la familia y el matrimonio. Sus palabras resonaron junto con los de la Directora Marilupe, como un llamado a ser “Peregrinos por la Familia”, llevando esperanza y testimonio cristiano a cada rincón de la Diócesis.
La velada concluyó con una convivencia fraterna que combinó música, alegría y gratitud compartida. Fue un cierre lleno de fraternidad, donde se celebró no solo la culminación de un ciclo académico, sino el inicio de una misión más profunda: acompañar, formar y sostener a las familias con el corazón puesto en Dios.


