El Congreso Internacional de las Familias, en su cuarta edición en Monterrey 2026, se consolida como un movimiento de esperanza que reconoce a la familia como el pilar fundamental para la construcción de la paz. Durante tres días de intensa actividad en Cintermex, del 27 de febrero al 1 de marzo, renovó su compromiso de promover el amor como fuerza capaz de responder a los desafíos de la actualidad.
El Director Nacional, Fernando Milanés, destacó en su mensaje inaugural la alta prioridad que deben tener las familias en la sociedad actual y presentó las principales actividades del evento, a las que llamó verdaderos motivos de esperanza. Asimismo, resaltó las iniciativas que ofreció el Congreso, entre ellas las salas de escucha, un seminario de alto nivel para especialistas y el magno congreso, que contó con cuatro programas diferentes y la participación de más de 100 especialistas nacionales e internacionales de gran trayectoria. Ellos compartieron conocimientos y herramientas prácticas orientadas a fortalecer la vida diaria en pareja, el matrimonio y la familia.
El Pontificio Instituto Juan Pablo II tuvo una amplia participación en el CIFAM Monterrey 2026, colaborando de diversas maneras. Entre ellas, destacó su participación en 7 de las 20 salas de escucha instaladas durante el evento, donde se brindó acompañamiento familiar profesional. Esta labor fue coordinada por el Centro de Investigaciones de Acompañamiento Familiar (CIAF), programa que ofrece el Pontificio Instituto.
El Precongreso reunió a 1,200 líderes de distintos sectores de la sociedad, entre ellos políticos, sacerdotes, profesionistas, profesores y empresarios. En este espacio participamos en el panel “Trabajo y Familia”, donde la Dra. Diana Angélica Salmón Ramírez, Directora del Plantel Monterrey, destacó la importancia de reconocer la primacía de la persona y a la familia como el centro integrador de toda sociedad. Señaló que este reconocimiento es fundamental para sostener un sistema económico que genere verdadero valor a partir de una base social sólida.
Asimismo, invitó a reflexionar sobre la necesidad de abordar los desafíos actuales desde una perspectiva científica integral y propuso el concepto de “empresa personalista” como una vía para la reconstrucción del tejido social: un modelo que reconozca la dimensión espiritual de la persona y la coloque en el centro de su propia transformación y del desarrollo social.
Durante el Congreso principal, el CIFAM ofreció cuatro programas con la participación de más de 100 especialistas. En este espacio destacó la participación de nuestro Director Nacional, Héctor Sampieri, quien impartió el taller para matrimonios Check-Up Matrimonial, un completo ejercicio de autodiagnóstico basado en el modelo triaxial de valores de Simón Dolan. En este taller, más de 150 personas participaron en pareja y recibieron herramientas prácticas y acciones concretas para fortalecer su relación y atender aspectos importantes en el corto plazo.
Asimismo, el Instituto participó en el área de librería y con un stand informativo que recibió diariamente a cientos de visitantes interesados en conocer más sobre su propuesta formativa.
El mensaje de clausura, ofrecido por el presidente de CIFAM Monterrey, Mauricio Flores, invitó a reconocer a la familia como el bien más preciado y al matrimonio como uno de los pilares fundamentales de la sociedad. También destacó la nutrida participación de familias provenientes de distintos lugares de la República Mexicana y los frutos que se vivieron a lo largo de todo el evento.
Las cifras compartidas durante el evento señalaron la participación de más de 11 mil personas de manera presencial, más de 300 mil asistentes en línea y alrededor de 4 millones de personas que interactuaron o siguieron el Congreso a través de redes sociales.
La Celebración Eucarística estuvo presidida por el Nuncio Apostólico, Joseph Spiteri, quien durante su mensaje hizo un llamado a la unidad y a la paz, destacando a las familias como el núcleo fundamental de la sociedad y portadoras de esperanza. Asimismo, invitó a las familias a permanecer unidas y atentas a las necesidades de la sociedad, siendo capaces de defender la vida y contribuir a la construcción de un mundo más justo y fraterno.

