Reflexiones del conversatorio del 3 de diciembre de 2025.
El pasado 3 de diciembre de 2025, en Auditorio Faustino Pardo de la Universidad Anáhuac México Norte fue sede de un enriquecedor conversatorio en torno al libro Dios. La ciencia, las pruebas. El albor de una revolución. El evento reunió a tres voces que, desde disciplinas distintas, ofrecieron una lectura profunda del diálogo entre fe, ciencia y filosofía: el Dr. Carlos Cuevas, el P. Peter Mullan, LC y el Dr. Óscar, quien moderó la sesión.
El tono general del encuentro subrayó algo fundamental: no es necesario ser científicos para interesarnos por la ciencia, porque las preguntas que nacen de ella tocan la condición humana y nuestra búsqueda de sentido.
La ciencia como punto de partida
El Dr. Carlos Cuevas abrió el diálogo destacando que la ciencia no tiene la capacidad de responderlo todo, pero sí posee la fuerza de despertar el asombro. El libro presentado cumple precisamente esa función: invitar al lector a reconocer en el universo un orden tan preciso que sugiere intencionalidad.
Subrayó que el texto plantea de manera seria la posibilidad de un Diseñador del universo, y lo hace desde un enfoque que no impone, sino que amplía la razón e impulsa una mirada honesta a los datos científicos actuales.
Un universo inteligible exige una causa suficiente
El Dr. Óscar profundizó en la idea de que el universo es inteligible, es decir, estructurado de tal modo que la mente humana puede comprenderlo. Esta apertura a la razón permite hablar de una causa suficiente, no como una conclusión religiosa, sino como un ejercicio auténtico del pensamiento.
En un mundo donde las ideologías intentan fragmentar la verdad, argumentó, la capacidad de razonar con claridad se vuelve una herramienta esencial para cualquier líder comprometido con el bien común.
En un momento especialmente significativo, añadió:
“El Dios al que llega la razón no está desligado del Dios que la fe revela; es el mismo Dios que se hace esposo.”
¿Hijos del azar? El debate contemporáneo
A lo largo del conversatorio emergió una crítica clara a la postura atea que presenta al ser humano como resultado del puro azar. Los ponentes cuestionaron si esta explicación es realmente la más racional frente a la evidencia científica que muestra un universo ordenado, coherente y finamente ajustado.
El puente necesario: la filosofía
El P. Peter Mullan, LC, aportó una reflexión central: entre la ciencia y la teología falta un puente claro, y ese puente es la filosofía. Sin ella, la ciencia responde al cómo, la teología responde al quién, pero quedan sin resolver dos preguntas esenciales: ¿por qué? y ¿para qué?
Explicó dos principios clave:
- El principio de causalidad, que reconoce que todo lo que comienza a existir tiene una causa.
- La participación en la creación, donde la criatura refleja, de manera limitada, la acción del Creador.
También resaltó que, para un creyente, integrar ciencia y filosofía suele ser más natural, mientras que para quienes parten de una visión diferente este salto puede ser más difícil. Sin embargo, ambas actitudes —buscar, preguntar, arriesgarse— implican un auténtico acto de fe en la razón.
Una posible revolución teológica y cultural
El evento dejó claro que estamos ante un momento significativo: los descubrimientos científicos no están alejando a la humanidad de la pregunta por Dios, sino que están abriendo nuevos caminos para pensarla con rigor y amplitud.
Como señalaron los ponentes, quizá estamos presenciando el inicio de una revolución teológica, donde la ciencia, la filosofía y la fe pueden encontrarse sin temor, enriqueciendo mutuamente su búsqueda de la verdad.



