Cayendo en lo absurdo, ¿hasta dónde hemos llegado?

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Se tienen muchos medios para ser felices… pero no los motivos. 

Por P. Fernando Fabó, L.C. 

La persona humana es bastante compleja, con las facultades superiores de la inteligencia, la voluntad y la afectividad, tiene una dimensión estructural que, por razones analíticas, podemos dividir en las siguientes: 

Copropiedad: cualidad de tener un cuerpo, espacial y finito. 

Moralidad: carácter de lo moral; lo considerado bueno o malo. 

Religiosidad: hombre capaz de Dios. 

Espiritualidad: apertura a la trascendencia, a una vida espiritual. 

Sexualidad: modo constitutivo de existir, hombre o mujer. 

El principio de no contradicción establece que una cosa no puede ser y no ser a la vez. No hay nada más fuera de lugar que pensar y creer que sí. Al no aceptar estas realidades de la persona humana, jugamos a ser Dios con las dimensiones estructurales del ser humano. 

El afán de no aceptar y de cambiar lo que Dios ha hecho nos trae infelicidad perpetua ya que podemos jugar a ser Él, pero jamás llegaremos a serlo, y eso causa frustración. 

Toda la confusión ideológica está poniendo en tela de juicio la pregunta por excelencia ¿qué es la persona humana? Sin una aclaración satisfactoria de la antropología no se sabe con quién se trata. 

Las preguntas existenciales son esas que interpelan lo más profundo del humano, lo más hondo de su ser. Es esencial responder a estas preguntas fundamentales para saber la dirección de la vida. De no ser así, la vida se convierte en un transcurrir sinsentido, una obligación, un tiempo que se debe cumplir. 

Sin un sentido fuerte de la vida, tampoco tiene sentido la muerte, ni el sufrimiento, ni del amor. Es difícil poner cosas en su sitio si no se tiene un sentido de vida. 

Las 5 preguntas más importantes, las que todos tenemos que tomar un tiempo para reflexionar son las siguientes: 

1. ¿Quién soy? Responde a la esencia. 

2. ¿De dónde vengo? Responde al origen a la identidad. 

3. ¿A dónde voy? Responde a la misión y el propósito. 

4. ¿Qué sentido tiene le dolor y el sufrimiento? 

5. ¿Qué hay después de la muerte? 

Estas últimas dos son mucho más abiertas a la dimensión espiritual, pero dependiendo de la visión que se tenga de éstas es muy encausado el sentido que se le dará a la vida. 

La verdad del amor, de las relaciones, es que todas ellas hay un punto de partida, punto de llegada, formalidad y base o fundamento. El amor es una decisión que toca todas las dimensiones estructurales y elementos constitutivos de la persona humana. 

Según el análisis del papa Benedicto XVI la radiografía que él hace del mundo, hay 5 verdades innegables. 

1. Se niega la verdad del hombre – problema antropológico. 

2. Se niega la verdad del amor. 

3. Se niega la verdad del matrimonio y la familia – sobre la base de la sociedad. 

4. Se obscurecen las conciencias – apertura al relativismo. 

5. Urge el testimonio del verdadero amor cristiano y de las familias auténticas 

¿Qué quiere lograr San Juan Pablo II? 

Juan Pablo II, en su antropología adecuada, nos propone que seamos personas integrada, matrimonios estables, familias fecundas, civilización del amor, cultura de la vida. 

Padre Fabó nos exhortó a actuar como María, quien acoge la vida como viene, cuando viene y de quien viene. No como amor romántico, sino como amor real, que implica donación total. 

Debemos remontarnos en el verdadero sentido de la vida. Las personas se deben acompañar como las acompaña Jesús. La invitación es a la proclamación, divulgación y aplicación de la cultura de la vida.

Maestría en
Ciencias de la Familia

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