La verdad sobre la familia

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Dra. Laura Tortorella (filosofa y bioeticista)

El matrimonio, cuando es una elección de amor entre un hombre y una mujer, da confianza a toda la sociedad y contribuye al bien común. Por eso, no es aceptable distorsionar la verdad sobre la familia y el matrimonio. Además, la familia es el lugar donde se encuentran los elementos esenciales para comprender la verdad sobre el ser humano.

Karol Wojtyla escribe en 1975 un ensayo llamado La familia como «communio personarum», muy importante para comprender la verdadera naturaleza de la familia.

“El hombre, única criatura en la tierra que Dios ha querido por sí misma, no puede encontrarse plenamente sino a través de una entrega sincera de sí mismo” (GS, 24). En esta frase, Wojtyla encuentra el elemento central de la familia. Cada persona ha sido creada por Dios con un valor propio, y es en la familia donde todo comienza y donde cada ser humano busca el sentido y la verdad de su existencia. Por eso, según Wojtyla, la familia contiene la verdad teológica sobre el hombre.

La antropología teológica se basa en la semejanza entre Dios y el ser humano. La primera semejanza, según Wojtyla, es que el hombre, al igual que Dios, es persona. Por eso posee razón y libertad, capacidades que le permiten decidir por sí mismo y orientar su vida hacia fines propios, siendo un fin en sí mismo y no un medio.

Otra similitud nuestro autor la encuentra en la Gaudium et spes, donde se habla de “una cierta semejanza entre la unión de las personas divinas y la unión de los hijos de Dios en la verdad y en el amor”. Aquí, la unión de las tres personas divinas en el amor y la verdad por analogía en las relaciones humanas, deben estar basadas en la verdad, el amor y la entrega mutua. De aquí nace la idea de que el ser humano está naturalmente llamado a vivir en comunidad con otras personas.

Reflexionando sobre esta communio, Wojtyla llega a considerar el matrimonio como el fundamento de la familia, entendida como una communio personarum, es decir, una comunidad de personas unidas también por un compromiso ético. La entrega mutua dentro del matrimonio expresa el amor conyugal: un amor sincero, generoso y total, además a través del propio cuerpo.

Por eso, la generación de los hijos forma parte esencial de la familia y es el vínculo que la fortalece. Wojtyla distingue dos formas de generación presentes en el matrimonio: la activa, cuando los padres dan vida a los hijos; y la pasiva, cuando los hijos hacen nacer en los padres la maternidad y la paternidad. Para Wojtyla, el matrimonio precede a la familia, porque en él se encuentra el sentido pleno del vínculo familiar.

Así, en la familia, fundada sobre un amor generoso y abierto a la vida (matrimonio), debe reconocerse siempre la dignidad personal del otro y el valor único e irrepetible de cada persona. Hoy más que nunca, la familia está llamada a redescubrir esta verdad y a vivirla cada día a través de las acciones concretas.

Maestría en
Ciencias de la Familia

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