Mensaje de la dirección Institucional del plantel Monterrey a los egresados:
Sobre tu tumba blanca
florecen los blancos capullos de la vida
oh… cuántos años han pasado ya
sin ti cuantos años …
sobre tu tumba blanca,
oh Madre, mi extinta amada
para el amor pleno de un hijo
una plegaria descanso eterno.
Traducción del verso: Sobre tu tumba blanca
Un joven adolescente polaco de apenas 12 años escribió este hermoso verso que mostraba el dolor y la nostalgia de ver morir a su madre a los 9 años.
El mismo hombre años después nos dejó el legado que vivimos hoy en este Instituto, quién nos enseñó que la expresión del interior del hombre puede tener solo una respuesta adecuada y es el amor. Nos enseñó la salida al duelo y el dolor en la Esperanza. Este mismo hombre que vivió en carne propia el dolor, la pérdida, la muerte, la desesperación del otro y la adversidad incluso en la guerra, pero que respondió con virtud y fortaleza, y que no solo lo edificó a él, sino que salió de si mismo para enseñarnos a comprender y acompañar al otro, a mostrar que se puede volver a comenzar y que el sentido de los acontecimientos de vida solo pueden encontrarse en la trascendencia.
El hombre de quien hablamos es un motivo de que cada uno de nosotros estemos aquí reunidos, ha sido nuestro verdadero anfitrión este tiempo. Él nos enseñó que sus palabras tenían fuerza, porque sus actos las soportaban. Él supo vivir y fundar su propia filosofía porque finalmente lo hacía siempre frente a Dios. Y así en su persona y sus actos, este hombre Karol Wojtyla alcanzó la santidad, por la gracia de Dios: San Juan Pablo II, nuestro amado fundador.
Se gradúan hoy de un posgrado que marca una especialidad en su carrera como consultores, para poder vivir y guiar a las personas que enfrentan algún tipo de duelo, a buscar el sentido del dolor y de pérdidas, incluso de aquella que es la mayor frustración como la muerte.
Un imposible para la lógica humana que solo puede ser posible si nuestro conocimiento supera la técnica y se completa con una mirada trascendente, solo si logra plenitud, esa técnica será certera. Es por ello que les pido no olviden que el conocimiento técnico, por grande que sea, necesita encontrarse a la luz de ciencias integrales, como la filosofía y la teología, para poder abordar la realidad más claramente. Poner la razón a la luz de la revelación nos acercará a la verdad.
No es suficiente la técnica, como tampoco son suficientes nuestras buenas intenciones para ayudar al otro. Es necesario tomarnos en serio los retos de la vida, tal como lo están haciendo ustedes hoy. Con esfuerzo y dedicación están tomando el reto que representa el encuentro con el otro en acompañamiento, formándose con seriedad para poder servir y enfrentar la realidad que les llama.
Una vela no se prende para ponerse debajo de una mesa. En realidad, ustedes son lámparas encendidas que están llamadas a iluminar.
En nombre del Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II, les damos las gracias por habernos elegido y haber puesto su confianza en este instituto que ahora más que nunca es de ustedes. Cada uno de ustedes nos representa y estamos agradecidos y orgullosos por ello. ¡Felicidades por este logro!

