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Disciplina con amor

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Autor: Lic. Ana Pamela Parra Robles

“Como cuna de vida y amor para cada nueva generación, la familia es la principal fuente de identidad personal, de autoestima y apoyo para los niños, también es la primera y principal Escuela de Vida especialmente adecuada para enseñar a los niños integridad, carácter, moral, responsabilidad, servicio y sabiduría” (IOF, 2018).

Este primer lugar que le presenta el mundo a un niño tiene el deber y la obligación de brindarle un ambiente seguro en el cual pueda desarrollarse de manera integral para vivir y afrontar sus vulnerabilidades y evitar que la desesperanza y la necesidad de libertad se conviertan en la brújula de su esencia. La familia tiene un rol activo en sus vidas, hoy en día y desafortunadamente, nos encontramos inmersos en una sociedad fragmentada, ante una generación que se orienta por el emotivismo y la falsa libertad, en la cual el sentido de pertenencia a una comunidad como lo es la familia y su estructura, ha ido evolucionando para convertirse en símbolo de opresión impulsado por las distintas ideologías, el Papa Francisco (2015) dijo “Cualquier amenaza a la familia es una amenaza para la sociedad misma, el futuro de la humanidad pasa por la familia, así que protejan a sus familias y vean en ellas el tesoro de su Nación y nútranla siempre”. ­

Nutrir a la familia y procurar su bienestar impacta fuertemente en la sociedad. En la familia debemos encontrar acogimiento, respeto, confianza, amor, disciplina y límites, aquí conectamos con nuestra esencia de ser cocreadores con Dios, construimos nuestras convicciones para un desarrollo integral que no se puede lograr sin una disciplina con amor, sin la atención, la confianza, la seguridad y el sentimiento de sabernos amados. Como padres de familia debemos hoy situarnos en la realidad que parte de un antropocentrismo radical y hacernos responsables de nuestro compromiso priorizando la educación a través del amor y de la plena consciencia de lo indispensable que es ofrecer un testimonio maduro y una actitud de genuina presencia para atender las necesidades de nuestros hijos y orientarlos hacia una plena realización, como menciona Melendo (2021), “ningún ser humano es nunca un mero caso entre muchos”, cada persona tiene una singularidad irrepetible y la familia es el lugar seguro para moldear esta singularidad.

Hablar de disciplina con amor no solo resulta muy relevante hoy en día, sino que nos invita como padres a introducirnos y comprender nuestra vocación de vida, amor y servicio que nos lleva a buscar el mayor bienestar de los hijos a través de la razón de ser de la familia, la educación.

Para ejercer una disciplina con amor los padres deben ser conscientes de su propia madurez mental, emocional y espiritual. Cuestionarse las creencias sobre las que ellos mismos fueron educados y con ello cribar las tradiciones, rescatar lo valioso y proponer nuevas formas de crecer abiertas al asombro de la realidad en la que hoy se encuentran, porque así como los padres tienen la obligación y el derecho de educar a sus hijos, ellos tienen el derecho de “vivir en una familia unida y en un ambiente moral, favorable al desarrollo de la propia personalidad; el derecho a madurar la propia inteligencia y la propia libertad a través de la búsqueda y el conocimiento de la verdad” (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, 155).

La educación en la familia es única e irremplazable, imprime en nosotros un sello de identidad y nos ofrece un espacio donde podemos ser y mostrarnos vulnerables para ser acogidos por un amor incondicional. Resignificamos la autoridad desde una perspectiva amorosa a través de la cual transmitimos valores y tradiciones que después se convierten en los pilares de la propia vida y esto resulta vital para cultivar el corazón familiar y ser el sostén de los hijos.

Disciplina con amor es fomentar la resiliencia, el amor y la confianza para lograr un desarrollo integral en todas las dimensiones del ser a través de una actitud respetuosa, responsable y firme que permite al hijo expresarse y al padre tomar decisiones conscientes. El padre asume autoridad, pone límites, aplica consecuencias, pero sobre todo ayuda a encontrar soluciones y brinda testimonio a través de sus propias acciones. Por su parte el hijo se siente aceptado, respetado, valorado, seguro y sobre todo amado, tiene confianza en sí mismo, tolerancia ante la frustración y es capaz de comunicarse abiertamente y ser resiliente, lo que crea una sana y buena relación con sus padres. La familia fomenta un ambiente consciente y organizado que podrá fluir con mayor flexibilidad, cooperación y estabilidad donde sus miembros crearán la capacidad de mirar a su interior con el propósito de crecer de manera individual, pero también familiar porque desarrollarán la autodisciplina, formarán su criterio y afectividad, y tendrán una voluntad fortalecida.

El principal objetivo, como padres, educando a través de la disciplina con amor será “guiar al niño en su proceso de maduración a través del reconocimiento y el profundo respeto hacia la individualidad. Acompañarlo hasta que se convierta en adulto joven y encuentre, en libertad su destino” (Barocio, 2021).

Si bien sabemos que la educación familiar es fundamental porque su misión es custodiar, revelar y comunicar el amor, será nuestra prioridad ser padres conscientes de nosotros mismos para estar presentes para nuestros hijos y poder así educar desde el amor y el servicio. Verlos en su plena autenticidad, como un tanque nuevo que requiere ser llenado, alentarlos, escucharlos y cultivar en nuestra familia lo que esperamos que ellos cultiven en su corazón.

“La primera cosa que los padres necesitan para educar es un amor real a sus hijos” (Melendo, 2021), esta es una labor que no se puede delegar, que es de por vida y que comienza en el hogar con el único fin de que trascienda en sus vidas.

Licenciatura en Desarrollo Humano y Familiar

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